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Wednesday
Jun112014

Pierce Blandón 

Tuve el honor de conocer a Pierce Blandón recién comenzaba mi servicio público en Panamá, en el 2004, a través de Gilberto Toro, otro de esos panameños que hacen su trabajo de la mejor manera posible, sin recibir el verdadero apoyo que su tarea requiere.

Pierce, como Gilberto, trataba de brindar un acceso, una salida honorable y productiva a jóvenes envueltos en el mundo de las pandillas, en donde entrar es fácil pero el salir vivo no.

Su labor como la de incontables paisanos nuestros fue desarrollada casi que anónimamente, sin bombos ni platillos o aplausos, siempre luchando por el mínimo espacio desde el cual realizar el esfuerzo requerido.

Llegué a la Gerencia del IPAT acatando una solicitud hecha por nuestro presidente, Martin Torrijos. Pero cuando inicialmente me preguntó en que área de su gobierno deseaba participar, mi respuesta fue, en el Departamento de Correcciones. Sabía que un puesto allí sería de los menos disputados y me brindaría la oportunidad que rescataba la continuación de mi trabajo con reos, algo que comencé en 1973 con la llegada a Panamá del Criminólogo chileno, Marco González Berendique, fundador de la Cátedra de Criminología en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional.  

El presidente se me quedó mirando un rato, como quien ausculta a un orate, quizás preguntándose si nombrarme en cualquier cargo público sería un error. Te necesito en Turismo, Rubén. Allí serás de mayor utilidad para el país". Acepté, aunque con el temor de que su idea sería la de ubicarme en el aeropuerto de Tocumen, con una guitarra en la mano, a cantarle un pedacito de "Pedro Navaja" a los que llegaban y a los que hacían escala, ¨Hola, bienvenidos a Panamá, por la esquina del viejo barrio lo vi pasar…¨

Por suerte no fue así y pude hacer mi trabajo, a pesar de las dificultades que inicialmente provocaron miembros del sector privado y del partido en el gobierno por mi nombramiento y mi negativa a besarles el anillo.

Mi primera reunión, luego de haber sido oficialmente nombrado como Gerente del Instituto Panameño de Turismo fue con la Directora de ANAM Ligia Castro. Fui a su oficina y le dije que mi visión para el desarrollo del Turismo en Panamá no incluía la creación de Mega proyectos que comprometieran o amenazaran con la destrucción de nuestro patrimonio natural a cambio de promesas de trabajos e inversiones millonarias. Esa fue mi primera gestión oficial.

La segunda reunión, no oficial, fue la relacionada con las pandillas de Colón, en Septiembre del 2004, hace casi 10 anos.

Se produjo a consecuencia de un encuentro inicial con Gilberto Toro, el rasta sociólogo, de quien sabía tenía contactos y, más importante aún, la credibilidad necesaria para ser escuchado en los barrios mas difíciles de nuestras ciudades, especialmente en los de Colón. Le explique a Gilberto que deseaba reunirme con los jefes de pandillas de esa ciudad porque considerando el deterioro social de los sectores mas populares que sobreviven en esa ciudad, estos líderes naturales orientados por la anomia me parecían los mejor organizados, a pesar de que su actividad productiva fuese dirigida al crimen y a la zozobra ciudadana. Le comenté que mi pregunta a los pandilleros sería básica: solo quería que me dijeran si yo estaba loco, o cuerdo. Gilberto se me quedo mirando y reconocí en sus ojos la misma duda que Martín tuvo en los suyos.

Expliqué que si abandonaba mi exitosa carrera como músico, compositor y actor era para dedicar mi tiempo al servicio de mi pueblo. Que parte de ese servicio incluiría mi deseo de trabajar para la provincia de Colón y eso incluiría a la ciudad de Colón, pero que cuando mencionaba eso dentro de mis proyectos, invariablemente se me advertía que iba a perder mi tiempo. Que en Colón la gente no quiere trabajar, que son unos vagos, sinvergüenzas y no les importa nada más que sus vicios. Le dije a Gilberto que mi intención era preguntarle a los representantes de las pandillas de Colón si eso era cierto, o no. Porque de ser verdad, entonces yo si era un pendejo, un loco, por creer que podría ayudar a un sector en Colón que admite que no quiere saber de trabajo y de sacrificio, de solidaridad y al que no le interesa una oferta que ofrezca la salida de un círculo donde las esperanzas resultan inútiles porque se construyen con puro dolor. 

Gilberto respondió que tendría que consultar primero con una persona que era la mejor indicada para considerar mi solicitud:  Pierce Blandón.  

Hasta ese momento, al igual que el 99.% de Panamá, nunca había oído hablar de él. Pensé que quizás sería familia del Arnulfista, aunque nunca lo pregunte.  Gilberto hablo con Pierce, le pidió que no mencionase que era yo con quien se reunirían, para evitar el morbo y la publicidad escandalosa y le agradeció de mi parte la oportunidad y su apoyo. 

No voy a discutir los pormenores de la reunión, pero no empezó bien. Fue Pierce Blandón quien salvó la agenda con su apasionada solicitud a los pandilleros de que hablasen, que ese era el momento, que no podían dejar pasar la oportunidad de ser escuchados por alguien del gobierno, sin condiciones, sin cámaras, sin agendas politiqueras.

Quebrado el "iceberg" por su intervención, estuvimos mas de dos horas hablando, enemigos compartiendo ideas pero que resumirían su rivalidad después de terminada la reunión. Uno de los pandilleros me preguntó, directo: ¨¿Y tu que traes, Rubén? ¿Qué es lo que me ofreces para que deje de vender droga o robar?¨.  Le dije que en ese momento no tenía nada que ofrecer. Que no acostumbro a hablar sin antes saber o entender de que se trata el asunto. Que había ido a escuchar y a preguntar, para tratar de comprender como y que ofrecer como propuesta. Al final de la productiva reunión, después de los sandwiches y del café, varios de los presentes se me acercaron para pedirme un "apoyo". Me explicaron que era plata para tomar un taxi y así poder cruzar por "territorio enemigo". Pierce Blandón había logrado un "cese al fuego", una especie de armisticio, pero solo por ese momento. Su reputación como ex-pandillero, el respeto de las pandillas por su dedicación a la palabra de Dios, había logrado lo que las autoridades no han podido producir: una tregua. Pero ahora, la vida en las calles de Colón, lejos del Hotel Washington y del recién terminado dialogo, retomaba su descarnado ritmo para estos pandilleros, dependientes del "sálvese quien pueda, como pueda" urbano. Gilberto Toro, Pierce Blandón, "Rasta Nini" y yo nos estrechamos las manos y salimos del recinto, cada cual hacia su realidad, necesidades y problemas.

Recuerdo que pase mucho tiempo preocupado. Resultaba indispensable que de esa reunión se produjese algún tipo de respuesta. La credibilidad de los asistentes, principalmente la de Pierce, Gilberto y "Rasta Nini", no podía quedar en entredicho. Y una noche se me ocurrió el fundamento de lo que resultó el programa que pusimos en acción en el IPAT, con la ayuda del joven psicólogo Panameño, Claudio Fernandez Jr., (mi ahijado, hijo del compadre Claudio y de la Comadre Chelita Pino).  Concebí un programa de entrenamiento para jóvenes de "alto riesgo" que los convirtiese en "Asistentes Turísticos", guías urbanos de Turismo.

Sin alharaca fundamos el programa y contra viento y marea, lo pusimos en práctica. Inicialmente la convocatoria produjo 60 solicitudes. Luego de las evaluaciones y exámenes, (no íbamos a nombrar psicópatas a guiar turistas) 20 personas fueron seleccionadas. De ese primer grupo perdimos 15 participantes a causa de la violencia, o por caer presos. Unos cuantos se retiraron cabreados por los horarios, o quien sabe por presión en la calle, o de su realidad. Cinco terminaron el programa y creo que aún hoy continúan laborando en el área de turismo, pero ahora desde el sector privado. Cualquiera de ustedes que lean estas líneas, consulten con la exitosa empresa turística Panameña, Viajes Pesantez, y pregunten a su director cual fue su experiencia con estos jóvenes ex-pandilleros en el programa que fundase nuestra administración desde el IPAT.

En el 2009 cumplí mi periodo de 5 años en el cargo y salí sabiendo que habíamos organizado un argumento turístico a largo plazo para Panamá, con la Primera Ley de Turismo en la historia de la República, con un Plan de Trabajo para Desarrollo Turístico a 20 años, un nuevo diseño de contrato de Publicidad Turística a cinco años, con fondos de operación garantizados, una institución con nuevas oficinas y la creación de una nueva entidad, La Autoridad de Turismo de Panamá.

También dejamos un plan y los fondos necesarios para continuar el programa, para jóvenes de "alto riesgo"  y para otros aspirantes en general, lo que aumentaría el cupo para Asistentes Turísticos, de los 20 originales a 100, haciendo énfasis en garantizar además oportunidades para muchachas que también forman parte de pandillas y que igual necesitan de oportunidades. Por alguna razón, nuestro iniciativa, que había sido incluso solicitada por el Banco Mundial para plantearla como ejemplo en otros países con problemas de pandillas, fue discontinuado por el gobierno entrante. Los cinco sobrevivientes del plan piloto quedaron a cargo de su iniciativa personal, o dependiendo de la acción del sector privado.

Leer que la violencia pandillera en Panamá va en aumento y que cárceles mas grandes proveerán la respuesta adecuada me indican lo despistada que continúa la política estatal, en esta materia.  No entienden porque no les interesa entender.

Hace unos días me indico Claudio que Pierce Blandón había muerto. La noticia me dio vergüenza doble. Por no haber continuado mi contacto con él con mayor frecuencia y porque todos estos años pensé que su nombre era Pierre y no Pierce. Nunca he sido muy bueno con eso de comunicarme con amigos, o con familiares.  En mi casa todos, menos mi mamá Anoland, hemos sido así.  Pensamos en la gente pero rara vez se lo hacemos saber. Ese es un defecto que estoy tratando de corregir desde hace unos años.  Siento que lo menos que puedo hacer al conocer del deceso de Pierce Blandón es darle mis gracias otra vez, esta vez en público. Reconocer nuevamente su invariable cooperación para producir la reunión que sostuve con las pandillas en Colón, y por su continuo esfuerzo de llamar la atención sobre las necesidades de esos panameños. Decirle que me siento honrado de haberlo conocido y que no tengo forma alguna de expresar la satisfacción que me da el haber trabajado con él, aunque fuese solo por unos años. Que Dios lo tenga en la Gloria que merece por sus actos.

Entre tanto, el trabajo para rescatar a Colón de si misma continúa. Y, por la existencia de gente como Pierce Blandón, sigo creyendo que es posible.

Rubén Blades | New York | 11 de Junio, 2014

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